La Nebulosa de Orión

constellation, cosmos, dark

13 de febrero de 1906

señor Micromegas, habitante de Sirio, que según nos cuenta Voltaire, se dignó a visitar la Tierra en compañía de un saturniano, cogiéndose ambos de un cometa, le pasaron por alto algunas particularidades en su pintoresco viaje a nuestro mundo, tanto más cuanto se le ofreció la ocasión de ver cuán atareados andaban aquellos terrícolas filosóficos en triviales polémicas dentro de un barco que regresaba de las regiones polares y que el buen gigante siriano cogió cuidadosamente con la uña de su pulgar, poco después de haberse mojado los talones en el charco marítimo.

No pretendo enmendar a Voltaire, pero fue sin duda una distracción del corpulento personaje de Sirio el no advertir que si él había dignado visitarnos, a los de acá les tenía muy sin cuidado cuanto se refería a Sirio y demás compañeros siderales, enfrascados unos en explorar al prójimo y otros en defender y atacar a Malebranche, Looke y el escolasticismo. Será cuestión de pareceres, pero es indudable que en el Universo existe un planeta, en plena juventud,cuyos habitantes, exceptuando una ínfima minoría, tienen dispuesta la cerviz de tal modo que la máxima altura que alcanza su rayo óptico visual no pasa del horizonte sensible, A este planeta le llamamos aquí la Tierra.

Rodeados por maravillas indescriptibles, infinitas, no queremos o no sabemos admirarlas. No será por falta de Tiempo, cuando para muchos es un problema el no aburrirse; no será por falta de dinero, cuando muchos lo malgastan torpemente. Allá se las hayan. No escribo para ellos; escribo para mis lectores, que no son seguramente ellos, desde el momento que han tenido la amabilidad de llegar en su lectura hasta este punto.

Lo cierto es que estamos rodeados de infinitas maravillas y que en esta época del año se ostenta una de las más hermosas del Cielo. me refiero a la famosa nebulosa de Orión. 

Se vislumbra a simple vista (hacia el meridiano a las primeras horas de la noche en esta época del año) a poca distancia angular debajo de las tres estrellas de segunda magnitud, llamadas los Tres reyes, colocadas en casi en linea recta y que constituyen el cinturón del fantástico gigante Orión, gigante capaz de sostener el embate del toro, que con Aldebarán y las Pléyades se lanzan con el ímpetu formidable contra el impávido personaje cantado por Píndaro.

Poco interés despierta naturalmente la nebulosa de Orión a simple vista. pero no es necesario tampoco un telescopio de gran potencia ni mucho menos para hacerse cargo de la misma y gozaren su contemplación. Un anteojo cualquiera de mediana potencia, hasta un anteojo ordinario terrestre, puede ser suficiente para proporcionar cuando menos una anticipación de aquella mágica visión. Cando dentro de algunos siglos, en los países civilizados se hayan difundido tanto los telescopios como los pianos(algo de esto empieza ya a ocurrir en Inglaterra) será tan conocida para el público la nebulosa de Orión como la Apassionata de Beethoven.

La nebulosa de Orión resulta en el campo telescópico como una gran región del cielo poblada por una niebla luminosa, blanca azulada y tachonada de estrellas.

A una mirada vulgar le producirá indudablemente menor impresión dicha nebulosa que un ramillete de fuegos artificiales. El efecto de los grandes panoramas celestes son exclusivamente intelectuales; no rezan por lo tanto estas palabras con los que solamente miran, pero no saben ver ni comprender.

Por el solo aspecto de la nebulosa, se adivina que está constituida por gases. pero nada podría asegurarse sobre este particular sino contáramos con otros medios de investigación, ya que dicho aspecto nebuloso podría ser debido, como ocurre en otras llamadas nebulosas y que en realidad son conglomerados estelares, a pequeñísimas estrellas que no se separar una a una por falta de potencia de los instrumentos ópticos usados.

Afortunadamente el espectroscopio, como en tantas otras cuestiones científicas, viene a nuestro auxilio, y nos permite asegurar por el análisis de su luz, que da un espectro constituido por rayas brillantes, que la nebulosa de Orión está formada de gases incandescentes, entre los cuales dominan el nitrógeno, y el hidrógeno. Es, pues, dicha nebulosa, una acumulación enorme de gases candentes, sumamente enrarecidos, sin forma regular y trasparentes, a pesar de que su espesor debe contarse por muchos millones de kilómetros.

Con un potente instrumento, como el ecuatorial que posee el Observatorio Fabra, el aspecto de la nebulosa es indecible por lo espléndido; en tales condiciones se descubre la estructura granulosa de la misma en sus partes más brillantes , y fibrosa en sus ráfagas y girones que se alejan por el espacio hasta distancias inconcebibles. las estrellas, pertenecientes unas a la nebulosa, otras situadas por perspectiva delante y otras visibles a través de la misma, aparecen a montones, destacándose entre todas ellas, y en parte más brillante de la masa caótica, la célebre estrella séxtupla teta, perteneciente a dicho sistema cósmico. Entre estas estrellas las hay variables, una de las cuales tuve la satisfacción de descubrirla fotográficamente en 1898.

La distancia de la nebulosa a la Tierra es desconocida. podemos afirmar no obstante, que es inmensa, comprobándolo, entre otras cosas, el hecho de que los componentes de la estrella múltiple teta no ofrecen ningún movimiento sensible desde hace unos 70 años que se observan con regularidad. teniendo en cuenta las dimensiones angulares de la nebulosa, que alcanzan hasta más de 5°, suponiendo prudentemente que se encuentra de nosotros a la distancia de las más próximas estrellas, resulta por un cálculo fácil que un tren lanzado a la velocidad de 60 km por hora invertiría por lo menos 10 millones de años para recorrerla en su máxima extensión y en línea recta.

Esta nebulosa ha sido observada por muchos astrónomos con el mayor cuidado. En 1618 fue descubierta por Cysatos. A mediados del siglo XVII Cassini la observó detenidadmente, y en lo sucesivo fue considerada la nebulosa de Orión por los astrónomos como una de las más bellas curiosidades que nos ofrece el cielo. Holden a finales del siglo XIX, publicó una importantísima monografía de la misma. Hacia esta misma época fue cuando Common obtuvo por primera vez magníficas fotografías de la nebulosa y Huggins la analizaba con el espectroscopio.

Aparentemente la nebulosa subsiste invariable de forma en todos sus detalles desde que se la observa con atención. Se concibe fácilmente que aún cuando las partículas constitutivas de la nebulosa estuvieran dotadas de enormes velocidades en direcciones y sentidos distintos, sería necesario el transcurso de muchos siglos para hacersenos visibles las transformaciones sufridas en su forma, por fortuna poseemos un instrumentos maravilloso que puede ilustrarnos en esta cuestión; me refiero otra vez al espectroscopio, que no solamente analiza la luz sino que también permite determinar la velocidad con que se mueven la dirección del rayo visual el foco de donde emana dicha luz. Aplicando este procedimiento a la nebulosa de Orión, se ha venido en conocimiento que una regiones dela nebulosa se acercan a la Tierra y otras se alejan con velocidades de muchos kilómetros por segundo, aparte de que la nebulosa en conjunto se aleja a razón de 27 km. por segundo.

Esto nos indica que la nebulosa varía constantemente de forma y dimensiones, semejando ( si omitimos la diferencia de tiempo invertida en la metamorfosis) a una bocanada de humo que se mueve y se disipa en la atmósfera terrestre.

El problema cosmogónico que entrañan las nebulosas gaseosas es importantísimo. En él radica indudablemente la formación y evolución de soles y de mundos. Aun cuando vislumbremos algo de este proceso grandioso, desconocemos la casi totalidad del mismo. pero, a pesar de todo, no podemos apartar de nosotros el convencimiento, cuando observamos aquellos pálidos fulgores destacándose en el negro espacio sin fondo, de que tenemos ala vista la génesis de una evolución inmensa, destinada a cumplir una de las más fundamentales misiones de lo existente, es decir, la Vida.

Fuente: Astronomía y Ciencia general, de José Comas Solá.

Colección de trabajos científicos de popularización referentes a la astronomía, a la sismología, a la historia de las ciencias del siglo XIX.

F Granada y C.a Editores. 344, diputación 344 Barcelona- Sucursal: Piamonte 3, Madrid. 1907

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