en Honor al 13

universe, person, silhouette

13 de marzo de 1895

El Cielo

Franqueamos los umbrales de la vida; abrimos los ojos a la razón; vemos en la Tierra mares montañas, bosques y flores; en lo alto innumerables estrellas…¿Dónde estamos? ¿Qué grandiosa mansión es esa en que por manera maravillosa ha brotado nuestra existencia? He aquí la gran pregunta que se ha dirigido a la humanidad; he aquí el problema fundamental que se planteó en este mundo, así que los divinos destellos de la razón comenzaron a brillar sobre él. ¡Qué de trabajo, qué de inteligencia se ha invertido para hallar la solución! La Astronomía puede enorgullecerse de haber alcanzado una de las más grandes victorias que podía apetecer el genio humano. Después de inmenso trabajo secular, ha podido aquella ciencia responder en gran parte a tan trascendental cuestión, revelándonos la síntesis de lo existente, la sublimidad suprema

Se desvanecieron aquellas columnas que sostenían la Tierra; se derrumbaron aquellos empíreos que envolvían el Mundo. Al reposo ha sustituido el movimiento universal; a los límites de la existencia la eternidad absoluta.

La Tierra, enorme elipsoide aislado completamente en el espacio, recorre con velocidad prodigiosa los abismos sin fondo del infinito. El Sol arrastra vertiginosamente consigo nuestro planeta y demás mundos hermanos hacia un punto del espacio al que no llegará jamás. La soledad más absoluta rodea esta familia planetaria unida por los eternos lazos de la gravitación. Solo cometas perdidos, diminutos corpúsculos, polvillo cósmico, cruzan estas inmensidades.

Cuarenta billones de kilómetros tenemos que alejarnos de nuestra familia planetaria para llegar al sol más próximo, a aquella hermosa estrella de primera magnitud que brilla en la constelación de Centauro, la estrella alfa de este asterismo. Imposible es hacerse cargo de tan enrome distancia. La luz, que, como es sabido, se propaga en el vacío con la vertiginosa velocidad de 299.000 km por segundo, invierte 4 años y 1/3 para salvar esta distancia, y un tren exprés tardaría más de 70 millones de años!

Este punto luminoso del Centauro, al parecer insignificante,es, pues, un sol enorme, tanto o mas voluminoso que el nuestro. Alrededor del centro común de gravedad gira otro sol más pequeño o inmenso planeta todavía incandescente; ambos iluminan y vivifican sin duda una nueva familia de mundos, moradas quizas de otras tantas humanidades. Si desde estas remotas regiones, dirigiésemos la vista al cielo estrellado, reconoceríamos todas las constelaciones que vemos desde la Tierra; pero un observador algo práctico notaría inmediatamente en la constelación de Casiopea una estrella nueva de primera magnitud. Esta estrella es nuestro querido Sol, que aún brilla esplendoroso a pesar de separarlo tan colosal distancia, En cambio, la Tierra sería completamente invisible, aunque hiciéramos uso de potentísimos telescopios. A eso queda reducido nuestro mundo con solo observarlo desde la estrella más cercana.

La segunda estrella más próxima a la Tierra es, la 61 del Cisne, de la cual nos separan 68 billones de km. , distancia que la luz invierte casi 8 años en recorrer. A 92 billones de km de la Tierra encontraríamos a Sirio, la estrella más brillante de nuestro cielo, sol enorme, centenares de veces más voluminoso que el nuestro. Tendríamos que recorrer 160 billones de km para llegar a Altair, la más hermosa estrella de la constelación del Águila inmenso sol que con la inaudita velocidad de 63 km por segundo se dirige hacia nosotros. Suponiendo que las direcciones de los movimientos de Altair y de nuestro sistema planetaria no varíe, lo cual es altamente improbable, no llegaría ese astro a producir consecuencias graves sobre la Tierra hasta pasados 200.000 años, a pesar de la inconcebible rapidez con que se acerca. Más de 270 billones de km nos separan de la Cabra, la más brillante estrella de la constelación del cochero; y mas de 340 billones tendríamos que recorrer para llegar a la estrella Polar, famosa por su posición en el cielo. 

por fin, a 8000 billones de kilómetros de la Tierra, distancia que la luz invierte más de 72 años, en recorrer, se encuentra la estrella 1830 de Groombridge, de la Osa mayor, inmenso proyectil, mucho más voluminoso que el sol, que se precipita por el espacio con velocidad superior a 330 km por segundo! Aquí concluyen las medidas humanas. Todas las demás estrellas, que son la inmensa mayoría, pues solo se ha podido medir la distancia de unas treinta, están mucho más lejos.

Aunque con la velocidad de la luz recorriésemos el espacio en linea recta durante un centenar de siglos nos veríamos siempre envueltos por el cielo estrellado. ¡Qué maravillas, qué grandiosidades circulan por estos espacios inmensurables! Por todas partes surgen millones de soles, de mundos de humanidades. Soles de todas dimensiones; relativamente pequeños unos, millares de veces mas voluminosos que el nuestro muchos otros; soles blancos y azules, radiantes de luz, en las primeras etapas de su vida, y soles decrépitos, de color de sangre,lanzando a sus mundos los postrimeros rayos;más allá surcan silenciosamente el espacio masas obscuras inmensas, quizás cementerios solamente de innumerables generaciones esperando el día que brote de nuevo la luz y la vida… Y entre estas miríadas de astros, se destacan radiantes de belleza y esplendor, estrellas de los más bellos colores del arco-iris; sistemas siderales dobles, triples, múltiples, ya todos blancos, ya presentando las más preciosas combinaciones de oro, esmeralda, zafiro, topacio…. ¡Cuán hermosos juegos de luz, cuan bellos paisajes para los mundos que flotan entre los efluvios de aquellos soles fantásticos! Y como si todas estas maravillas no fueran bastante, ved este sinnúmeros de enjambres estelares, esta familias de centenares y millares de soles separados entre sí por miles de millones de kilómetros recorriendo en amigable consorcio la órbita común impuesta por las eternas e inmutables leyes naturales. Contemplad esos inenarrables cúmulos de estrellas del Centauro, del Tucán, de Hércules, del Águila, de Perseo, los Lebreles; ved esa brillante arenilla celeste, en que cada grano es un sol y a cada sol le corresponde un séquito de mundos, moradas de vida y de inteligencia, y decid si es posible concebir algo más sublime, algo más grande; si el espíritu, ante tales espectáculos, no se siente ennoblecido y embargado del más puro placer, del placer y nobleza que se siente cuando nuestro entendimiento se identifica con las fundamentales y grandiosas concepciones emanadas de Dios.

 

.Y no concluye aquí nuestra admiración. Esparcidas profusamente por el espacio, separadas como las estrellas por billones de kilómetros, aparecen enormes y difusas nubes de gases candentes que afectan las más variadas formas, unas veces esféricas o globulares, otras arrolladas en espiral, otras como hilos de materia vaporosa de miles de millones de kilómetros de longitud, otras presentando las formas más caprichosas y extraordinarias. De esta impalpable y pálida materia candente surgirá por enfriamiento dentro de centenares de millones de siglos la vida y la razón. Es la génesis de los mundos, es el protoplasma de os sistemas planetarios que evoluciona ante nuestros ojos. Saludes pues, en estas ígneas nubes del Cielo los mundos del porvenir.

 

¿Por más que nos alejásemos de la Tierra, veríamos siempre el cielo tachonados de estrellas? ¿Aparecería siempre la Vía Láctea con sus condensaciones, bifurcaciones y meandros circundando la esfera celeste? Todas las estrellas que vemos en el cielo formamos parte de una familia sideral inmensa, constituida por centenares de millones de astros, hijos todos, sin dudu a de una sola nebulosa. Si nos alejásemos de la Tierra a una distancia tal que un rayo de luz invirtiese 500.000 años en recorrerla (cálculo prudente) y desde esta distancia observásemos el cielo, veríamos destacarse este enjambre sideral como un inmenso conglomerado de estrellas de forma aplanada, probablemente lenticular. Allí está nuestro Sol, allí estamos nosotros, completamente confundidos en espantoso tropel de soles y mundos. En este grandioso Universo aparecen en revuelto torbellino haces, corrientes y girones de fuego formado pro millones de estrellas que en todas direcciones recorren vertiginosamente la inmensidad, y enormes espacios vacíos entre esta masa estelar se distinguen por doquier como si un azadón gigantesco, penetrando hasta las entrañas de este Universo, hubiese arrojado y sacudido fuertemente los soles de una parte a otra. Si apartamos la vista de esta familia Sideral, solo vemos el fondo negro del infinito. ¿Ha concluido la Naturaleza? ¿Más allá de nuestro Universo se extiende el eterno no ser? Aquí la ciencia humana calla y entran las probabilidades, pero probabilidades que adquieren alto grado de verosimilitud, ya que es dificil dudar que siendo infinita la Naturaleza en sus demás propiedades no sea también infinita en su extensión y cantidad

Si fijásemos pues, con atención la vista en las profundas tinieblas que ante nosotros se desarrollan o hiciéramos uso de instrumentos ópticos, sin duda percibiríamos algún punto o mancha luminosa, y si hacia ella nos dirigiésemos con la velocidad de la luz, al cabo de varios miles de años nos aparecería transformada en otra aglomeración inmensa de soles y de mundos, en otro oasis de Vida y de razón del desierto infinito del espacio… y así eternamente! Ante tales horizontes nuestro espíritu se nonada; y con la misma evidencia que las estrellas, vemos una inteligencia infinita en las inmutables y misteriosas leyes que rigen el Cosmos; vemos a Dios, el mayor de los misterios!

 

José Comas Solá

 

Fuente: Astronomía y Ciencia general. Colección de trabajos científicos de popularización referentes a la astronomía, a la sismología, a la historia de las ciencias en el siglo XIX, etc. por José Comas Solá .Director del observatorio astronómico del Tribidabo (Barcelona) Miembro de la real Sociedad Astronómica de Francia. Miembro Honorario de corporaciones científicas nacionales y extranjeras – F. Granada y C.a Editores. 344, Diputación, 344 Barcelona. Sucursal. Piamonte, 3 Madrid – 1907

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